Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

El mar. Debussy, Kitano, Iwai

Asisto a la interpretación de La Mer, de Debussy, por la Orquesta Sinfónica de Barcelona y leo en el programa de mano:

Juego de olas [se refiere a Jeux de vagues, segundo movimiento de la pieza] es una descripción aparentemente pictórica del movimiento marítimo. Pero, nuevamente, el compositor juega con nuevas formas de escritura musical para transformar las olas en un espacio sonoro de pensamiento inédito (…). Debussy intenta traducir en sonido la archiconocida estampa xilográfica La gran ola de Kanagawa del gran artista japonés del siglo XVIII Katshushika Hokusai.
Pero, más allá de semejanzas, podemos ver sobre todo la evocación simbólica del mar como un espacio de libertad absoluta: hay instantes en que Debussy parece dispuesto a escribir un pequeño vals ante la propia represión, para terminar trazando una melodía en constante evolución. Nuevamente, el mar no es un espacio físico, sino un entorno mental en el que todos podemos filtrar nuestros anhelos de libre albedrío.

Descubro así el interés del compositor francés por la cultura japonesa, lo que me abre a una nueva perspectiva de sugerentes sensibilidades paralelas, pues sí me era conocido el aprecio por la obra de Debussy en diversas manifestaciones culturales niponas, en especial en el campo cinematográfico que nos ocupa.

El retrato del mar, hablando de cine japonés contemporáneo, nos remite inevitablemente a los paisajes kitanescos que tan bien enlazan con esa última frase citada. Sin embargo, aún más poderosa es para mí la filiación del compositor francés con una cinta en particular: Todo sobre Lily de Iwai Shunji.

Como bien expresan en su obra Hokusai, Debussy y Kitano, el mar evoca una tensión fundamental entre la quietud y la confrontación extrema. La máxima expresión del elemento acuático, origen de la vida, entendido como presagio de muerte. Lo estático y perdurable, como ese magnífico monte Fuji que centra la serie de estampas de Hokusai, se ve empequeñecido y amenazado por la potencialidad destructiva de lo mutable y efímero de un terrible movimiento de oleaje.

Pareciera como si las formulaciones de realidad líquida, de postmodernas resonancias a nuestros oídos , contaran ya con una tradición y continuidad en el pensamiento nipón, tan dado a celebrar lo efímero, apenas apuntado en intuición anticipativa por aisladas manifestaciones occidentales como la composición escuchada.

En el marco de esta tradición se podría incardinar el papel del mar en Todo sobre Lily. El personaje de Hoshino, prometedor y sensible estudiante, sublima su desorientación adolescente en la experiencia marítima de muerte. La búsqueda de una materialidad terrenal a la que asirse, culmina en el ahogamiento en la playa. Este episodio supone la muerte de aquel muchacho y su resurrección monstruosa en la forma del nuevo y terrible Hoshino, implacable tirano para sus antiguos amigos o para las muchachas que, intuimos, le hacen sentir débil vía frustración sentimental.

La película, primera experiencia de filmación digital en el cine comercial japonés, entiende el mundo interconectado y virtual no como líquido sino como gaseoso. O más bien etéreo. Las cargadas atmosferas captadas en su fotografía, la recurrencia del texto flotante en pantalla, las alusiones mismas al concepto de Éter, que se supone emana de la música de la Lily del título, trasunto pop de la obra de Debussy, son elementos eminentemente aéreos. La materialidad amorfa del agua, la terrible capacidad proteica del mar, sólo viene a alterar los ya precarios equilibrios de fuerzas que sostienen a los personajes, su relación entre ellos y con ese entorno  que, definitivamente, se desintegra a su alrededor imposibilitando referente alguno.

Así, los personajes centrales, tanto los sometidos Yuichi, Kuno o Tsuda como el propio Hoshino, fiarán su búsqueda de un escape en la inmaterialidad etérea de la música, la de Lily o la de su referente “paterno” Debussy. Sus cuerpos no accederán a noción alguna de materialidad salvo en violentas formas funestas: asesinato, violación o suicidio.

En el retrato de la sociedad contemporánea que hacen Kitano o Iwai, definitivamente desterrado ya lo tangible de nuestra virtual existencia, el omnipotente mar, como intuyeran Hokusai o Debussy, irrumpe en forma de terrible metáfora de tensión destructiva. Lo material convertido en aspiración que, por inaprensible, deviene amenaza.

gran-ola-de-kanagawa

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