Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Tokyo Scanner (2003)

Se conmemora en estos días en Tokyo el décimo aniversario del complejo Roppongi Hills, multimillonario macroespacio de avanzada arquitectura vertical que alberga todos los elementos atribuibles a la ciudad cosmopolita contemporánea. Las oficinas, zonas comerciales, de ocio y culturales sustituyeron el paisaje residencial previo y expulsaron a un vecindario tradicional, tal vez no muy diferente de ese que con rancia nostalgia retrata Yamazaki Takashi en su saga Always,[1] pasando a albergar, junto a  una intensa actividad cultural y turística pero sobretodo financiera, a un extracto social de poderoso nivel adquisitivo en sus apartamentos de lujo.

El elemento icónico reconocible de un complejo cuyo desarrollo se alargo más de una década, es una llamativa torre de 54 plantas y unos 200 metros de altura que comparte apellido con el businessman Mori Minoru, halcón inmobiliario que ideó y desarrolló el proyecto. La famosa Mori Tower, alberga las oficinas del emporio Mori y también, en su parte superior el Mori Arts Museum. Entre una sala de exposiciones y un mirador turístico, el MAM dedicó la exposición inaugural a la arquitectura y urbanismo contemporáneos. Buscando su auto-glorificación y en aras de la espectacularidad, se encargó al reputado director Oshii Mamoru una película corta con la que impresionar al visitante. Aceptó el envite el cineasta, si bien con calculada modestia delegó la dirección en su colaborador Matsu Hiroaki. Desde ese ligero distanciamiento, se permitió supervisar la producción de un envenenado regalo fílmico.

Tokyo Scanner comienza – ¿o sería más adecuado decir ‘surge’? – en las aguas de la bahía de Tokyo, no por casualidad junto a Umihotaru.  Umihotaru, ‘luciernaga marina’ es la torre que parece emerger de las aguas para unir el puente y el túnel que conforman la autopista Aqua Line, esa que une Chiba con Kawasaki dividiendo las aguas, nodo de comunicaciones que  es a la vez conexión y frontera. Desde esa privilegiada posición, la cámara se eleva, transportada por algún ingenio volador que detecta mediante su dispositivo de scanner la localización y establecie un recorrido en espiral por el espacio urbano de la gran capital hasta su punto de destino en lo más alto de la Mori Tower.

En su recorrido aéreo, envuelto en una ambientación épica en base a un score musical casi militar, el aparato rastrea minuciosamente el espacio ante sí, deteniéndose significativamente en el registro de todos aquellos elementos que integran el sistema de comunicación de la ciudad, de intercambio de personas y/o mercancías entre esta y el exterior. Barcos, trenes, puentes, aeropuertos y rutas de acceso son concienzudamente registrados, analizados, memorizados por el aparato observador. Dominar estas vías de comunicación implica poseer el control de todo lo que entra o sale de la ciudad, de la ciudad misma. El espectacular recorrido aéreo nos acerca a espacios singulares, pero también a individuos en particular, mostrando la capacidad técnica de observar con gran nivel de detalle. Inquieta la despreocupada actitud de la pareja que rema en el estanque de Inokashira Kôen, inconsciente de la vigilancia a que está siendo sometida mediante imagen aumentada, al ralentí o detenida, que da cuenta de las actividades y conversaciones individuales.

Y por supuesto, no escapan del voraz escrutinio los centros de poder. Grandes sedes corporativas y espacios gubernamentales son también analizados. Alguien vigila a los vigilantes.

Al final, todo acaba orbitando entorno a esa flamante, impresionante mole de la Torre Mori. El ingenio flotante se acerca a su parte superior donde unos individuos maquinales le indican la maniobra de aproximación. Al aterrizar en lo más alto de la torre el aparato es subsumido por el edificio, tragado hasta sus entrañas y tal vez más abajo, hacia un oscuro espacio interno que ya no vamos a poder vislumbrar. Una magnífica y nada inocente imagen final, con la que Oshii juega a insinuar oscuras organizaciones secretas.[2]

Mordiendo la mano que le da de comer, Oshii realiza una excelente disección de la ciudad en la contemporaneidad globalizante, al presentar Tokyo como nodo de una red de interconexión que requiere ser controlado por las indeterminadas voluntades que, ocultas en la sombra, escanean desde el aire el sistema-ciudad.


[1] El indefinido tercer barrio, el san chôme del título (Always 三丁目の夕日  Ōruweizu: San-chōme no Yūhi) bien pudiera ubicarse en esta zona próxima a la emblemàtica Tokyo Tower, cuya construcción y presencia determina el transfondo de la serie de cómics y películas
[2] Las imágenes disponibles en internet no llegan a mostrar este final. El dvd con la secuencia completa (17’ 21”) se puede adquirir en la tienda del propio museo Mori.tokyo_scanner

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