Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Libro: ‘Japón sobrenatural. Susurros de la otra orilla’

AGUILAR, Daniel (2013) Susurros de la otra orilla. Japón sobrenatural. Gijón: Satori

Recién estrenada la década anterior, y con ella el nuevo siglo, Daniel Aguilar nos entregó su primera aproximación a la cultura sobrenatural nipona. En aquella ocasión iba de la mano de Shigeta Toshiyuki y de su hermano Carlos. No se sabe si la iniciativa partió del hermano mayor, con una sólida trayectoria en la escritura cinematográfica, o del propio Daniel, con amplio conocimiento de la cinematografía japonesa tras años de residencia en el país, pero parece claro que se trataba de una combinación ganadora.

El fraterno tándem volvería a darnos muestra de su querencia por eso que se suele denominar (no en pocas ocasiones con cierto tono despectivo) cine de género, cuando atacaron con una nueva entrega cuatro años más tarde. Se ocuparon, en esa ocasión, del cine sobre yakuzas. A estos volúmenes, habría que sumar diversas aportaciones a obras colectivas sobre otros géneros como el erótico o el policial, o bien sobre autores concretos como Suzuki Seijun o Tsukamoto Shinya. Letra a letra, el nombre de Daniel Aguilar ha acabado estableciéndose en referente insoslayable para todo aficionado al cine japonés en nuestro idioma.

No ha sido hasta hace pocos meses que, por fin, el autor se ha lanzado al ruedo sin escudero que le secunde. La impagable editorial Satori, también con paso lento pero firme hacia un merecido respeto entre los lectores adictos a la cultura japonesa, le da la alternativa en su regreso al terreno de lo fantástico. Un recorrido que no se queda en lo cinematográfico, si bien el cine tendrá presencia más que destacada en el tomo, y en el que Daniel se vuelve a hacer acompañar, como en su primera incursión, de su amigo el señor Shigeta.

No se trata de una contradicción. El libro tiene en Aguilar a su único autor, pero la presencia del amigo desaparecido –el texto nos revelará que ambos se separaron en 2003– se hace patente bien pronto. Si el nombre ya aparece en la dedicatoria de apertura, el primer capítulo está dedicado a relatar ese último encuentro entre ambos.

Se trata de un breve fragmento, que viene a darnos muestra de la libertad creativa que se ha tomado Aguilar, del carácter personal que un proyecto individual le ha permitido imprimir a su escritura. Esa breve licencia creativa, entre biográfica y onírica, da paso a un recuento histórico de la vivencia de lo sobrenatural entre los japoneses y las expresiones artísticas que su cultura ha generado al respecto. Un recorrido la vez temático y diacrónico que, partiendo de las narraciones ancestrales, nos trae hasta las expresiones más contemporáneas, como el fenómeno ya global del J-horror o un incipiente aprovechamiento económico mediante el turismo en lugares significativos de lo misterioso. Entre tanto, en la descripción de periodos pretéritos, Aguilar nos habrá mostrado la plasmación de lo sobrenatural en las expresiones literarias, plásticas y escenográficas del archipiélago, haciéndolo confluir todo, con la llegada del siglo XX, en el arte popular que en ese momento se impone como es el cine.

Destaca en el conjunto, cuando nos ilustra sobre el panorama teatral en el Japón del extenso periodo Edo, el engarce de una pieza tan fundamental como La historia sobrenatural de Yotsuya, en el camino de Tokai. El famoso relato de Nomboku Tsuruya IV, pese a lo fundamental de su impronta y su popularidad incluso más allá del archipiélago, nunca antes había sido traducido y publicado en nuestra lengua. Tan imperdonable omisión no es desaprovechada por el autor, pues se huele a la legua que era la oportunidad de darse el placer, como admirador de la obra, de introducirla entre nosotros.

No es menos llamativa la inclusión de una amplia colección de ilustraciones de muy diversas épocas y estilos, de vistosa impresión polícroma en la mayoría de las láminas que se intercalan al texto. Un placer para la vista, pero también un perfecto complemento para comprender el texto, dando a conocer parte de la rica tradición visual que el factor sobrenatural ha inspirado a creadores japoneses de toda índole.

Esta estructura un tanto inusual pero totalmente coherente, conforma el engranaje de un libro que se lee con la misma fluidez con que gira un motor bien engrasado. Sin los compromisos de compartir la firma ni las ataduras del academicismo que requerían sus anteriores trabajos, al propio interés del tema le añade un discurso más personal, que se sublima en algunos comentarios, pinceladas apenas perceptibles a lo largo del texto, que vienen a ahuyentar algunos fantasmas ajenos al mundo sobrenatural que nos describe. Los espectros a los que me refiero son los del estereotipo, el malentendido involuntario (o malintencionado, en ocasiones) y el relato construido desde fuera sobre una cultura que concebimos como opuesta. Un esfuerzo intelectual que sitúa al autor y su obra en un equilibrio nada cómodo, rechazando con convicción ideas construidas y ya asentadas en el imaginario internacional, toda vez que rehúye la complacencia hacia el país de adopción. Con ello demuestra un conocimiento profundo de la materia que disecciona para nosotros, al tiempo que un sano espíritu crítico, ese que deberíamos exigir a cada texto que leemos.

El rigor no se hace incompatible con la amenidad, en un texto mucho más ágil que el de su anterior aproximación al mismo tema, cautivo de su carácter pionero. La exhaustividad, necesaria para mostrar el conjunto de una filmografía desconocida entre nosotros, era en Cine fantástico y de terror japonés tanto virtud como defecto. Mientras allí, el goce del relato, cedía en favor de una enumeración de factores, nombres y títulos, este nuevo texto se aprovecha de encontrar el camino ya desbrozado, funciona como complemento de aquel y discurre con la serenidad de poderse permitirse mayor detenimiento en los detalles.

El libro, antes de dar paso a una selección biblio-filmográfica, se cierra con otro breve fragmento, que continua y concluye al inicial. Un cierre redondo que nos hace pensar si la inspiración para este libro no vendría del propio Shigeta, sugiriéndoselo entre susurros proferidos desde esa otra orilla en que aguarda el reencuentro con el amigo.

susurrosAguilar

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