Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Sobre la utilidad de una televisión pública

Aunque en esta entrada no hablo sobre cine, sí que me planteo una reflexión sobre el medio audiovisual, a partir de este vídeo con el que me he topado casualmente navegando por la red. Se trata de la retransmisión comparada entre NHK, emisora estatal, y la cadena privada Nihon TV en el fatídico momento del gran terremoto de marzo de 2011:

Como se ve, sin interrumpir la emisión en curso de una sesión parlamentaria, NHK alerta del inminente gran terremoto y de las zonas de afectación con una antelación de 1 minuto y 20 segundos, y la locución instruye sobre diversas medidas básicas de autoprotección a emprender. Esto puede parecer un tiempo muy corto, pero lo cierto es que los medios actuales tampoco permiten una anticipación mayor. Este pequeño lapso de tiempo puede ser esencial para activar un protocolo doméstico de emergencia (cortar el gas, abrir puertas y ventanas, proteger la cabeza,…). Al desencadenarse el seísmo, entones sí, interrumpen la retransmisión y dan paso a un locutor de informativos. Será él quien dará cuenta del estado de la situación en las zonas más afectadas y de ir transmitiendo instrucciones respecto a las medidas de seguridad que cada individuo debería tomar.

Sin interrumpir la locución, se introducen imágenes en directo de diferentes cámaras estáticas exteriores. A mi juicio, acertadamente escogidas por dar buena cuenta del alcance del temblor, cumpliendo con su función informativa, pero suficientemente genéricas (planos de espacios muy abiertos, tomas lejanas) para no contribuir a aumentar el pánico que, en buena lógica, debiera estar experimentando la audiencia. De inmediato, comienzan las indicaciones sobre el inminente tsunami con datos precisos (estimación de tiempo y altura de alcance previsto en las diferentes poblaciones costeras). La emisión continúa en los mismos términos, con la misma contención en la narración y sobriedad en las imágenes, hasta el final del vídeo.

Por la parte de NTV, el inicio de la secuencia les coge en publicidad. En el regreso a la programación, los presentadores en estudio dan paso a una conexión en directo que coincide con el inicio del terremoto. Pese a tratarse también de un programa informativo, es de suponer que la redacción del canal habría recibido igualmente el aviso de alerta desde la Agencia Nacional de Meteorología, parece coger por sorpresa al equipo de emisión. Ante el estupor del presentador en estudio y la reacción atropellada del corresponsal, repentinamente, se da paso a publicidad interrumpiendo la narración de este último. Durante un minuto vemos los anuncios de los patrocinadores para volver a un estudio ahora totalmente sacudido por el seísmo, como subraya el plano que, en lugar del set, muestra las violentas sacudidas de las luces y resto del  aparataje suspendido del techo. De inmediato insertan imágenes en directo del exterior de una estación donde se empieza a agolpar una multitud. Segundos después, de nuevo publicidad por espacio de un minuto. Presentadores en estudio, al parecer desde Osaka (ciudad alejada del terremoto) se alternan con los del estudio en Tokyo, enfatizando de nuevo la oscilación de los elementos suspendidos y con la narración atropellada de una de las reporteras, eclipsada, cuando no interrumpida, por las expresiones enfáticas del presentador principal. Más imágenes de confusión y actividad frenética en la redacción mientras todo sigue temblando. Finalmente (min. 5:00), aparece el mapa con la afectación por zonas y comienza la información propiamente dicha. Si subrayábamos la importancia de 1’20 minutos, 5 pueden ser una eternidad. Sumemos medio minuto más, que es lo que la locutora tarda en percatarse del aviso urgente de tsunami ya sobreimpreso en la imagen. De inmediato panorámica de Tokyo, una vez más la multitud a la salida de una estación y de inmediato imágenes de la zona marítima con grandes columnas de humo emergiendo en diversas localizaciones. Se van alternando agitadas imágenes de estudio exteriores siempre en movimiento panorámico y con repetidos alejamientos y acercamientos a puntos calientes (humo, multitudes).  Pasamos, por ejemplo, a un locutor que se nos dirige no en el clásico plano frontal desde la altura de su mesa, sino que es tomado en escorzo para mostrar los papeles y objetos caídos al suelo de los escritorios que tiene detrás. Enseguida la cámara inicia un recorrido por la redacción en el que veremos la pugna de los empleados por mantener todo en su sitio, pese a lo cual pantallas e impresoras salen despedidas del mobiliario y algunos estantes quedan volcados.

Cuando por fin coinciden ambas emisiones en mostrar imágenes en directo de las costas en alerta, contrasta la quietud de los planos de NHK con el movimiento constante, la agitación y el temblor en la imagen de NTV. Sólo en los últimos momentos (min. 12:34 en adelante), ambas emisiones quedan equiparadas en lo visual, si bien el aspecto sonoro de NTV sigue marcado por el griterío confuso que llega desde la redacción.

Para no parecer ventajista, comentar que la emisión de NHK también se ve afectada por la tensión del momento. En medio del nerviosismo se produce algún fallo técnico, como que en la locución se cuele el sonido interno del realizador gritando apresuradas instrucciones de los planos que se deben insertar. No sabemos si por fallos en la emisión derivados del temblor o por error humano, tal vez tratando de cortar esa línea de sonido que se cuela en la emisión, hay unos segundos en que se interrumpe el sonido directo y se cuela un desagradable pitido. En algún momento se aprecian las manos de alguien dando instrucciones al locutor a su izquierda (derecha en la pantalla). Es decir, no se trata de una emisión perfecta y los profesionales al cargo también son presas del lógico estado de confusión en una situación tan delicada. Pero es destacable que su reacción quede encauzada positivamente en el marco de un protocolo bien definido, haciendo de su trabajo, por encima de ciertos errores más que comprensibles, un auténtico servicio público de utilidad en un momento en que la calidad de la información transmitida puede estar, literalmente, salvando vidas humanas.

Sin pretender poner en duda el nivel de profesionalidad de los trabajadores de la otra cadena, su emisión demuestra improvisación, ausencia de unas pautas de actuación bien definidas para casos de emergencias y revela cómo ciertos tics, propios de la orientación comercial de su actividad, conducen a una emisión más inclinada a la espectacularización de la actualidad y menos útil para la audiencia.

Últimamente, no dejamos de oír voces que se alzan contra el despilfarro que suponen las televisiones públicas, casi siempre con intereses políticos de fondo no declarados. Yo mismo soy muy crítico con el uso con fines partidistas determinados medios públicos (algunos ya en el recuerdo y otros muy de actualidad. Demoledor este último párrafo del admirado Monegal). Del mismo modo, considero imprescindible la existencia de medios de comunicación privados, que garanticen la independencia respecto a unos poderes públicos casi siempre ávidos de control mediático (y Japón es un triste ejemplo de ello con sus recientes leyes contra la difusión de “secretos de estado”que ya hemos comentado aquí en alguna ocasión). También destacar el papel decisivo de las televisiones privadas en la viabilidad del cine japonés actual.

Sin embargo, este vídeo me parece muy ilustrativo de las ventajas y utilidad que supone el contar con medios de comunicación públicos. Da buena cuenta de la necesidad de que estos estén bien gestionados y orientados a ese servicio público que justifica su razón de ser.

TV Japan Bars

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