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Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Se constituye la Asociación de Científicos Españoles en Japón (ACE-Japón)

Con la idea de unir a la comunidad científica hispana en Japón y con el propósito de apoyarnos, promocionarnos y mejorar los canales de comunicación entre el mundo académico y la ciudadanía, nace ACE Japón.

Aunque la historia se puede remontar a años atrás, a varias tentativas infructuosas de los escasos pioneros que se encontraron en el Tokyo de los años 90, dependientes de las idas y venidas de los propios interesados y del personal diplomático español, no todos suficientemente implicados en el apoyo de la iniciativa, se puede decir que todo empezó con un llamamiento en redes sociales el pasado mes de abril.

A partir de ahí, se convocaron dos reuniones para plantear y coordinar la fundación de una asociación que aglutinase a los científicos, investigadores y estudiantes universitarios españoles que desarrollan su actividad académica o laboral en Japón. Sin distinción de disciplinas, desde las ciencias experimentales hasta los estudios humanísticos, nos coordinamos algo más de una decena de personas en primera instancia, hasta 35 en el último recuento, para establecer unos objetivos comunes y redactar unos estatutos que diesen cuerpo legal a la propuesta.

El proceso culminó el pasado 16 de septiembre en la Embajada de España en Tokyo, cuando en presencia del embajador y de la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación se votaron y aprobaron unánimemente los estatutos y la propuesta de junta directiva. Una junta en la que, por cierto, me honro de formar parte.

Se me ha asignado la responsabilidad simbólica de tesorero. Digo simbólica porqué, en este estadio inicial, la asociación carece de ingresos o patrimonio que gestionar. Esta primera junta se ha constituido con la misión de iniciar el camino y establecer y consolidar unos mecanismos de funcionamiento aún por definir. Así pues, la función de tesorero carece de contenido actualmente, pero se ha considerado incluirme en la candidatura para contribuir a este proceso inicial, confianza que agradezco a nuestra presidenta e impulsora Ana Rosa Linde.

Al nombre fundamental de Ana Rosa, es justo añadir el de Santiago Herrero, responsable de la Consejería Cultural de la Embajada y que ha respaldado la iniciativa garantizando el apoyo de la institución diplomática.

La diplomacia española carece de la figura de consejero científico, habitual, según parece, en los cuerpos diplomáticos de otros países europeos. Así pues, sus responsabilidades abarcan también ese ámbito. Haciendo bueno el dicho de que quien mucho abarca poco aprieta, a lo que hay que sumar las estrecheces económicas del momento y lo limitado del personal disponible, las Consejerías se ven sin recursos ni capacidad de iniciativa en estos cometidos. Para superar esta carencia y empezando por una experiencia en el Reino Unido, la Secretaría encabezada por Carmen Vela está muy interesada en el desarrollo de asociaciones de científicos españoles en los diferentes países, permitiendo el establecimiento de una red mediante la cual coordinar esfuerzos entre la comunidad científica dentro y fuera del país.

Ante este panorama, no cuesta encontrar un motivo de crítica. Se puede argumentar que, dado que la situación no permite alegrías presupuestarias, las instituciones buscan aprovechar en su favor el trabajo de los interesados. Sin inversión alguna, logran la constitución de grupos que trabajan en las áreas que la administración deja desatendidas. Puedo estar de acuerdo con el fondo de este planteamiento. Sin embargo, soy de los que defiende que una sociedad democrática sólo puede funcionar en base a la interacción de todas sus instituciones, del trabajo colaborativo entre los entes gubernamentales y la sociedad civil. Somos muchos, y cada vez más, los que reclamamos una nueva articulación de la vida política, que rechazamos la idea de que democracia sea votar y mantenernos en silencio durante los siguientes cuatro años, que consideramos una responsabilidad y un deber la participación de todos en la gestión de lo público. Desde este punto de vista, es de agradecer que, desde la Embajada, se apoye moral y materialmente nuestra labor como asociación, especialmente porqué esta colaboración se está planteado desde el respeto a nuestra independencia de criterios y decisión, garantizando que no habrá injerencias en nuestra autonomía.

En nuestro caso, los miembros de ACE Japón estamos condicionados por diversas particularidades (lejanía física y cultural, dificultades idiomáticas,…) que implican unas características y necesidades particulares, que nos diferencian respecto a nuestras asociaciones hermanas ya instaladas en países como Alemania, Dinamarca o Estados Unidos.

Así pues, confío que ACE Japón se consolide para convertirse en un instrumento útil tanto desde un punto de vista académico como para facilitar nuestra vida diaria y la de aquellos compañeros que en un futuro se desplacen hasta Japón.

ACE Japon logo

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