Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Tokyo Tribe y el cine musical (o Una crítica rapeada)

Ver aparecer de nuevo mi firma en una publicación del alcance de CineAsia siempre es motivo de alegría. Más aún cuando se trata de glosar una película estupenda del admirado Sono Sion, a mi juicio entre los cineastas actuales más interesantes del panorama nipón junto a los Ishii Yûya o Matsumoto Hitoshi.

En esta crítica de Tokyo Tribe me he movido más al nivel que exige un medio de vocación popular como el que lo publica, de ahí lo lúdico del título y el tono general de la reseña. Pero no he querido renunciar por completo a cierto un enfoque divulgativo que, sin caer en lo académico, sitúe al lector en el contexto particular del film y su director, en el debate entre el cine comercial y de autor o en las problemáticas derivadas de la difusión internacional del cine japonés.

En los paralelismos entre esta película y su anterior Jigoku de naze warui (地獄でなぜ悪い Why don’t you play in Hell, 2013), aprovecho para instalar esos discursos y para descubrir un nuevo talento en  Seino Nana, simpática nueva promesa para el cine de acción, y de paso reivindicar la admirada figura de una Nikaidô Fumi que mucho debe torcer su carrera para no alcanzar un estatus de mito de la pantalla en muy breve tiempo. Algo similar, por cierto, podría haber hecho con las figuras del joven Suzuki Ryohei y el veterano, e imprescindible, Tsutsumi Shin’ichi. Si en Jigoku de naze warui nos recordó su proverbial capacidad cómica, la versatilidad de Tsutsumi en todo tipo de papeles, magnífico también en lo dramático y asombroso al transitar en décimas de segundo entre ambos registros, como demostró en la maravillosa Monday, le convierten en mi interprete masculino predilecto. Suzuki apunta hechuras de poder seguirle la estela.

También he jugado un poco a redactar una crítica “de autor”. Con Tokyo Tribe, Sono establece una película de acción musical en clave de hip hop, que replica las características propias de la música rapera en la estructura y estilo del film. Del mismo modo, he tratado de describir eso transmitiéndolo desde el estilo y estructura del texto. Así, el párrafo inicial intercala varias frases cortas, a modo de edición rápida de planos cortos, entre dos frases largas hasta el extremo, recargadas al máximo de subordinadas. Llevando mi capacidad sintáctica (y sintética) al límite, he pretendido ir más allá de la simple enumeración de opiniones para transmitir la experiencia de ver Tokyo Tribe, o la sensación de escuchar un rapeado, tanto monta, en el ejercicio de lectura de la reseña.

Con la esperanza de haberlo logrado y con agradecimiento a Karen Severns, siempre atenta en las sesiones de preestreno que organiza en el FCCJ, a los amigos de CineAsia por mantenerme la confianza, aprovecho para anunciar que esta colaboración mutua va a continuar en los próximos días, ya que me he acreditado en el Tokyo International Film Festival para publicar mis crónicas del festival.

TokyoTribe

TTFCCJ

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