Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Kabukicho Love Hotel (Sayônara Kabukichô). Sexo difuminado

El título de este film, Kabukicho Love Hotel, no deja lugar a muchas dudas. La localización en el bullicioso barrio nocturno y la actividad propia del establecimiento prometen una buena dosis de erotismo. Si reparamos, además, en el director que indican los créditos, la acción entre sábanas se da por garantizada. Esta disfrutable tragicomedia no defraudará al público que busque recrearse en la contemplación de la piel.

Y precisamente fueron las escenas sexuales las que despertaron mi reflexión. Una de ellas muestra a una trabajadora sexual, en acción con un cliente. En el momento de mayor intensidad, la imagen se difumina en la zona genital. El uso de este efecto,  característica ya inherente del cine erótico japonés en virtud a una particularmente restrictiva ley, me daba la impresión de formar parte de un juego irónico de Hiroki en esta escena. Reía, pícaro, el autor, antes de contestarme que lo irónico es que las autoridades le obligaran a velar la escena por mostrar un coito con demasiado realismo, cuando lo que mostraba era el desempeño de una “delivery girl”, cuyas transacciones sexuales no incluyen penetración sino sólo un simulacro. Alabó en este punto la entrega de Lee Eun-woo –coincido en que está esplendida, no sólo en el aspecto erótico– y la veracidad de su interpretación. En mi opinión, su personaje y la historia que se le asigna es lo más débil del guion. El estereotipo de la prostituta amable y sufridora hubiera sido ruborizante en manos de una cualquiera –interpretativamente, quiero decir, acéptese la broma–, pero Lee consigue brillantemente hacer girar todo el film a su alrededor.

La siguiente pregunta aludía al contraste entre la escena anteriormente descrita, junto a otras de alto voltaje protagonizadas por una pareja de policías, y la pacata escenificación del resto de relaciones. Me interesaba conocer la intencionalidad de esa candidez, tal vez inédita en la trayectoria de Hiroki. Una de las parejas parecía justificar la apuesta. El proxeneta que trata de atraer a una chica de la calle a sus redes y la desgraciada muchacha, que en el sexo encuentra un medio de subsistencia que nunca ha disfrutado, acaban en romance sincero. Lo convencional, más bien naif, de su entrada en el lecho en toma frontal para desnudarse escudados en las sábanas parece expresar una inocencia redescubierta y confiere un carácter encantador a esta subtrama, casi de fábula infantil. Por el contrario, la subtrama que protagoniza Maeda Atsuko no muestra nada, ni tan sólo insinúa. Dudas o determinaciones del personaje, que posiblemente quedarían bien expresadas por su actitud ante el encuentro sexual, quedan difuminadas por unas decisiones de realización que parecen tener más que ver con la dimensión del personaje Maeda –luego he de volver sobre esto– que la del personaje que esta interpreta. Y por extensión, se difumina por completo esta subtrama, lo que lastra irremediablemente el conjunto del film.

Y sí, la película tiene imperfecciones que es justo señalar. Pero no por ello deja de valer un visionado. Lo primero es que se pasa un buen rato. Lo segundo –no es la primera vez que uso este argumento– es que la película da visibilidad a algunos de los problemas de país que algunos se empeñan en barrer bajo la alfombra. No hablamos sólo de las actividades más o menos legales que se desarrollan en barrios como este Kabukichô tan bien retratado en el film. Destaca la alusión a la situación de la zona devastada por el tsunami de marzo de 2011. La actriz pornográfica, originaria de la región afectada, explica cómo se inicia en el negocio empujada por una economía familiar igualmente destruida. Su sorpresa, su resentimiento, es comprobar que la vida en Tokyo, lugar donde se deciden los destinos de provincias como la suya, a los seis meses de la tragedia seguía como si nada hubiese ocurrido, mientras que las condiciones de vida y la recuperación económica y emocional de las familias afectadas continúan adoleciendo incluso hoy de una extrema precariedad.

Y otro tema destacado se muestra en el recorrido por la zona de residentes coreanos de Shinôkubo. Hiroki manifestó su vergüenza por actitudes como la de los manifestantes xenófobos que, periódicamente, se dejan ver en el barrio. Visibilizar ese tipo de situaciones en su cine le parece un deber.

Es por todo esto que uno se sentía molesto al ver la sala del FCCJ desbordada de cámaras de televisión y reporteros gráficos. Se puede pensar que tanta atención mediática no tiene nada de negativo, y es posible que los productores se frotaran las manos en la presentación de ayer de la película. Personalmente, menos preocupado por el beneficio económico de un film en particular y más por el futuro de esto que me gusta tanto llamado cine, me disgusta en que un film que ha recorrido ya varios festivales internacionales y que incluso se ha presentado ya antes en Tokyo (mi comentario al respecto en la crónica sobre el FILMex 2014 aún está pendiente de publicarse), genere súbitamente semejante frenesí, no por el hecho en sí, sino por los motivos.

Es inevitable que la presencia de una starlette como Maeda concite cierta atención que el film no tendría sin su participación. Escéptico ante fenómenos como la popularidad de AKB48, cantera de la que procede y cuya trascendencia no logro comprender, me preocupa que contar con este tipo de figuras prefabricadas sea contraproducente. Ese era en parte el sentido de mi pregunta y el origen de mis objeciones al film, cuyas debilidades parecen derivar de las obligadas concesiones por contar con el comodín de la popularidad idol. Si las capacidades interpretativas de Maeda palidecen ante la inspiración cómica de una estupenda Minami Kaho, continuar comparando con la ya comentada solidez de Lee Eun-woo es ya devastador.

Para colmo, el sorprendente anuncio de las mediáticas nupcias del protagonista Sometani Shôta acabó de encender la mecha. Uno, que aún cree en el cine, siente algo de rubor al ver comenzar la rueda de prensa pidiendo que las preguntas se ciñan al film en lugar de a la vida privada de su protagonista. Se puede pensar que exagero y que la publicidad extra no viene mal al cine. Eso mismo quería pensar yo, hasta que alguien preguntó al director, nada más y nada menos que Hiroki Ryuichi, prolífico autor de pinku eiga desde 1970, si se tuvo que documentar mucho sobre el ambiente en los love hotel

Buenas películas como esta deberían tener garantizada la atención mediática, sin depender de figuritas tal vez pasajeras o chismorreos de peluquería. La ignorancia de los cronistas presentes sobre la trayectoria de un realizador de la talla de Hiroki no augura nada bueno.  Ganchos mediáticos que generan visibilidad al film, pero no comunican valor añadido, atraen momentáneamente al público, pero difícilmente lo enganchan al cine.  Es lo que la sabiduría popular califica de pan para hoy y hambre para mañana. Para no acabar en tono pesimista, para no ver el futuro del cine totalmente difuminado, regresé a casa justo a tiempo de ver el debut de Iwai Shunji en NHK.

sayonaraKabukichoFCCJ

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