Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

Crónicas de los festivales de Tokyo del 2014

Ya comenté hace unas semanas algunas impresiones de mi paso por el Tokyo International Film Festival en otra entrada del blog. Hablaba del festival como acontecimiento y sus circunstancias, pero no había hablado de lo que da cuerpo a un festival, que no es otra cosa que las películas que exhibe. Aparte de la reseña sobre Parasyte que se publicó en su momento, de nuevo CineAsia me cede su espacio para comentar un puñado de (en su mayoría) buenas películas  que pude ver en el festival. En primera instancia se publicó este artículo, pero no cabía todo un solo texto, porqué fue mucho y bueno lo que se vio y porqué unas semanas después también acudí al Tokyo Filmex, donde pude disfrutar de un buen puñado más de películas que comento en este otro articulo.

El segundo artículo se ocupa de las películas vistas en Tokyo Filmex, aparte de las secciones World Focus, proyecciones especiales y Crosscut Asia, esta última dedicada al cine tailandés, del TIFF.

En el primer artículo, en el formato de críticas breves, comento las dos películas que vi de la sección oficial, las dos de la sección Asian Future, y casi todas las de Japanese Cinema Splash, que a esta sí que me dediqué en profundidad por su relevancia en mi tema de investigación. La sección fue muy criticada, véase mi comentario en la anterior entrada, pero a mí me pareció que, por un lado, el nivel estuvo bastante alto –sólo en una película tuve la sensación de que no daba la talla–, y por otro que la muestra era bastante ilustrativa de la situación actual en la cultura cinematográfica japonesa. Mientras que en las proyecciones especiales, sin duda por esos compromisos adquiridos con la industria que tan sonoramente denunció Kitano,  imponían películas impropias de un certamen de calidad –algún título llegaba a extremos ruborizantes–, el conjunto de películas independientes de la sección mostraba una sociedad japonesa totalmente alejada de la homogeneidad idealizante que –de nuevo el sonrojo– algún gobernante local trata de hacer pasar por verdad incontestable, incluso desde el catálogo oficial del evento. El único film que no vi fue Fragile, de Ôta Shingo. No me gusta el protagonismo que el joven realizador se arroga en sus trabajos, su imagen incluso en el poster promocional me puso en alerta, ni comparto parte de su enfoque, así que la descarté para poder ver otras películas cuyos autores desconocía o cuya propuesta me sonaba más estimulante. No desdeño, sin embargo, el valor de ese film. Aun sin haberlo visto, saber que trata de retratar los barrios más degradados de Osaka y sus gentes en un momento político como el actual ya es un mérito. Que su exhibición en el festival de Osaka fuera vetada por el gobierno conservador de la ciudad es toda una muestra de que sí hay un cine japonés activo, crítico e incisivo. Que después de eso fuese seleccionada para su proyección en el TIFF me parece una decisión valiente, toda una muestra de que, para ser justos, determinadas críticas a este festival debieran ser replanteadas.

Enlaces: Crónica 1 & Crónica 2

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