Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

‘Walking with My Mother’ y la edición de las emociones

Tras la proyección que inauguró la sección Japanese Cinema Splash en la pasada edición del TIFF, ya había tenido la oportunidad de publicar mis impresiones sobre Walking with My Mother en otro espacio. Recupero ahora la película para el blog tras volverla a ver en el FCCJ, unos días antes de su estreno comercial de hoy mismo en la sala Image Forum de Shibuya.

Vale el comentario anterior para una cinta que no pierde el interés al revisitarla. Si comentaba que, tan doloroso ejercicio cinematográfico, concluye abriendo resquicios para dejar pasar la luz, aunque la cinta termina en suspenso, lo hace esperanzada, con la señora Sakaguchi silenciada mientras entona espontáneamente una antigua tonada (maldita irracionalidad legal que nos priva de la autenticidad del momento, a los comentaristas se nos pidió incluso no mencionar el título de la canción para evitar posibles denuncias, ya que la cuantía de los derechos de autor hubiera hecho inviable el film) y las ilustraciones, de parejas de animales en su mayoría, con que el marido le recordaba continuamente su cariño. La ocasión de comentar el film con su autor sirvió para confirmar la recuperación, física y emocional, de su madre y protagonista. Una nonagenaria señora Sakaguchi que esta tarde presidirá en plena forma la puesta de largo del film en Shibuya. La eficacia del film al transmitir su mensaje quedó certificada por los gestos y expresiones satisfechas que esta revelación generó entre los asistentes a la proyección.

Interesantes comentarios tras la proyección que subrayaron la compleja situación social de muchos ancianos en Tokyo. Tras instalarse en la metrópolis en las oleadas migratorias del siglo XX, son ahora en su mayoría personas solitarias. No todos comparten la suerte de la señora Sakaguchi, hermana mayor de un extenso clan muy unido por las penurias sufridas en el periodo bélico. En el peor momento, los hermanos abrieron los brazos y las puertas de sus hogares para recibirla de nuevo en el pueblo de origen. Sin embargo, en la conurbación tokyota subsisten precariamente numerosos viudos o viudas habitando edificios obsoletos, muchos de ellos sin familia en la que apoyarse ni un lugar al que regresar. No importa cuan decididos y luchadores fueran en su juventud, el arrojo que Sakaguhi recuerda la lucha diaria de su infatigable madre hace más sangrante el contraste cuando, en el ocaso de sus vidas, los que fueran colosos tornan súbitamente en frágiles figuras abandonadas.

El aspecto que centró la atención en mi reseña fue la agilidad de una edición veloz y de tomas cortas, inusual en un producto de estas características. Con la respuesta de la productora y co-editora, Ochiai Atsuko, confirmé mi intuición de que era una elección en busca de un público amplio, no necesariamente acostumbrado a los ritmos reflexivos del documental de arte. También el director Sakaguchi aclaró que su estilo de edición estaba muy condicionado por su formación y larga experiencia en el medio televisivo, tan restrictivo en cuanto a la duración de sus contenidos. Más sorprendente me resultó escucharle que otro de los motivos, tal vez el principal, es la conmoción que supone realizar tomas prolongadas del dolor de la propia madre. Aunque muy comprensible, cuando se ofrecen en pantalla momentos tan delicados, desde momentos de desnudez en el baño o la consulta médica hasta violentas crisis de ansiedad, sin ahorrar una incursión por el fatal momento del fallecimiento de un ser amado, los espectadores podemos llegar a considerar natural que el documentalista siga grabando. entendemos su dolor pero le exigimos consecuencia con la decisión de entregarnos su intimidad. Sabemos que el objetivo de la cámara genera una distancia protectora con lo filmado, ayudando a contener las emociones. Asimilamos la objetividad profesional del cineasta con el dolor que supuran las imágenes y eso nos dificulta comprender que la extensión de las tomas y el ritmo del montaje, junto a consideraciones comerciales y artísticas, también se fundamenta en la emoción misma del autor.

hoyo

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