Eigavisión

Un espacio de reflexión sobre cine japonés

‘Pieta in the toilet’: destellos sobre el agua

Interesante propuesta fílmica sobre una prometedora premisa argumental, tomada de las últimas líneas escritas, en su lecho de muerte, por Tezuka Osamu. No comulgo en su totalidad con el resultado obtenido por el director, un Matsunaga Daishi que debuta en la ficción tras una trayectoria dedicada al documental de la que conozco sólo un título, la estimulante Pyupiru, seguimiento al artista apodado con el mismo nombre en su proceso de cambio de sexo, de doloroso y convincente resultado. De nuevo, Matsunaga visita habitaciones de hospital con su cámara. De nuevo un artista plástico es el paciente. De nuevo, el deseo de vivir del protagonista es fluctuante, por momentos tenue.

A pesar de la gravedad de lo planteado, en Pieta in the Toilet, una voluntad anti dramática parece adueñarse de los episodios aparentemente más dados a explotar lo emocional. La revelación médica del fatal diagnóstico o la inesperada muerte de un compañero de ingreso hospitalario se producen sin mayor énfasis, con la cámara actuando como simple testimonio que registra una conversación más. Este es un rasgo que bien puede ser heredado de la dinámica documental del realizador, él mismo reconoce haber querido dotar al film de cierta continuidad estética con sus trabajos previos de no-ficción. Sin embargo, y aquí viene mi reproche a una película por otro lado muy recomendable, esta forma desapasionada de retratar al personaje masculino (nótese que no he escrito protagonista), el enfermo Hiroshi, impasiblemente interpretado por el rockero Noda Yôjirô, no se reedita con los personajes femeninos.

La exnovia del muchacho, por su entusiasmo en lograr sus objetivos vitales y una no aclarada ruptura con Hiroshi, se presenta como causa de su apatía existencial. La siempre solvente Miyazawa Rie tiene otro pequeño papel, que se despide en una escena que roza el suspenso, con un evitable y estereotipado llanto, confortado de inmediato por la no menos estereotípica aparición de una compasiva enfermera.

Pero no son estos personajes los que han de destacar como contraparte de Hiroshi. Si últimamente vengo insistiendo en el gran nivel de interpretación femenina en Japón, el relevo generacional parece que va a llegar en el mismo estado de gracia. La pequeña Sugisaki Hana maravilla con su interpretación de la escolar Mai, que entablará una contradictoria relación con el enfermo. La dirección del film lleva, en ciertos momentos, a este personaje por terrenos de subrayado que, además de contrastar con el tono general del film, abonan una cierta idea, apuntada en los otros dos ejemplos, de lo femenino como emocional ante lo masculino racional.

La prodigiosa actuación de Sugisaki, sin embargo, logra sobreponerse a este planteamiento y a una torpe explicación de su apetencia por la muerte, para acabar adueñándose por completo del film. Me desagradó escuchar de boca de Matsunaga que considera el personaje de Mai a la misma altura que la del protagonista. Eso me inclina forzosamente a atribuir a la joven actriz todo el mérito de su papel y el interés final de la película, a mi juicio totalmente incardinado en la mirada feroz de Mai y su errático deambular en la escena culminante, que la convierten en indiscutible protagonista de la función.

Aunque la intención del director no parece acorde con mi visión de su obra, le alabo el buen gusto de la puesta en escena y reconozco que me gana en una escena concreta. No sé si hay inspiración o simple coincidencia, pero el momento de mayor belleza y concentración expresiva del film se corresponde con sorprendente fidelidad a una de las escenas más queridas por mi memoria cinematográfica (aunque en este caso debiera decir telefilmográfica). La vista distorsionada de Mai a través de las ondulaciones del interior del agua se refleja en la de la pequeña Nazuna –aunque sea a vista de pez y no la idealizada y ensoñadora mirada de un púber enamorado–, que dispusiera Iwai Shunji en su memorable Fireworks. El eco de esa escena en la piscina se impone de nuevo con una antiutópica despedida definitiva, con la rima de unos destellos en el agua separando a la pareja.

Mientras Hiroshi acaba encontrando su camino de redención, no hay camino posible para la desesperanzada niña. Una voluntad final que quiere ser homenaje u ofrenda, pero sólo sirve a su propia satisfacción, sin ofrecer alivio ni esperanza a la muchacha. La película se acaba con Mai vagando sin rumbo ni propósito por una ciudad a punto de desperezarse. Cuando la narración se interrumpe y abandona (también) a la chiquilla, el apagado tono azul que se impone en la secuencia se alía con las tenues luminarias urbanas. La pantalla vuelve a reflejarse en la superficie ondulante de la piscina.

toirepieta

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